“Al momento de la cosecha, el productor recolecta una capa continua de información, un mapa de productividad. A este lo podemos transformar en un mapa de biomasa y, subsiguientemente, en un mapa de carbono, que muestre cuánto carbono estamos aportando al lote”, enumera.
A la vez, con la información de las distintas partes del lote, se puede avanzar y realizar un mapa de carbono en el suelo. Comprobar que en algunas partes se está capturando más o menos carbono para llegar, en definitiva, a un balance de las emisiones.
El punto de partida para los productores que se suman al proyecto comprende una evaluación socio ambiental, que se conecta también con el cumplimiento de diferentes normas del país o de la región, vinculadas a los desmontes y el trabajo infantil, por ejemplo.
Luego, el productor cuenta con una asesoría especializada para definir un plan de actividades a tres años, que incluye las rotaciones, si se pueden instalar cultivos de cobertura, especies en función del antecesor, estrategia de fertilización y otros aspectos.
“Para el armado de todo este plan a tres años, un consultor acompaña al productor durante todo el primer año, viendo en cada una de las etapas cómo implementar todas las herramientas, para que en los dos años posteriores pueda ejecutarlas de manera autónoma”, explica Benedit.
Los técnicos del Proyecto Pro Carbono vienen trabajando con universidades, el INTA y asociaciones de productores evaluando el impacto de estas prácticas en la acumulación de carbono y la reducción de emisiones, todo registrado con las completas y sencillas herramientas de agricultura digital que aporta FieldView.
Entre las prácticas conocidas que por supuesto se utilizan está la siembra directa, que ayuda a mejorar la aireación del suelo, evitando la mineralización de la materia orgánica. “Al mantener la siembra directa evitamos que ese carbono que ya introdujimos en el suelo se pierda en la atmósfera”, señala Benedit.
Junto con esta práctica, se recomienda la inclusión de cultivos de servicio o de cobertura, de modo de tener ocupado el lote el mayor tiempo que se pueda del año, transformando esos cultivos en biomasa.