Por Equipo FieldView
Mientras los lotes tempranos atraviesan, en su gran mayoría, por su última etapa de desarrollo -la de llenado de grano y de madurez fisiológica-, la cosecha de maíz empieza a dar sus primeros pasos.
En ese contexto, para la labor mecanizada, y cada vez más tecnológica, vale la pena tener en cuenta una serie de recomendaciones que darán parámetros que serán fundamentales a la hora de evaluar los resultados que componen una recolección eficiente.
Luis Verri, ingeniero agrónomo, director de Agronomy Tech, un estudio radicado en Río Cuarto (Córdoba) que se dedica especialmente al asesoramiento integral en agricultura de precisión, describió las características que debe reunir la cosecha de maíz, incluyendo el kit de herramientas tecnológicas, para permitir una eficiente obtención de datos a campo.
Desde su visión de especialista en la materia, Verri destacó la importancia que tiene la cosecha desde el punto de vista agronómico y estratégico. La considera un momento crucial en el cual se va a estar recolectando la información a campo, para la posterior toma de decisiones.
“Esos datos son los que nos van a permitir evaluar lo que hemos hecho, para bien o para mal, y aprender para las próximas campañas. Si uno no analiza y no corrige, tampoco aprende”, dice Verri.
Si bien el objetivo central de la cosecha es recolectar los granos, hay una tarea que va asociada con esa labor: la de dejar el rastrojo distribuido de manera uniforme en el lote.
“Un punto clave es ver cómo manejamos ese rastrojo, debido a que cada vez se ven más problemas en la uniformidad de la emergencia en los cultivos posteriores”, aclaró el especialista, que tiene muchos ejemplos en agricultura de precisión.
A partir de esta necesidad, saber cómo manejar esos volúmenes de rastrojo requiere de una adecuada puesta a punto de las cosechadoras, devenidas en verdaderas “Harvest smart”, como las define.
“Desde el punto de vista técnico, en la cosecha de maíz hay que recolectar mapas de rendimientos de calidad y rescatar el verdadero valor agronómico que hay detrás de esos datos. A ese mapa hay que cruzarlo con el manejo a campo que se hizo del cultivo, para analizar la eficiencia en el uso de insumos”, indicó el asesor.
La eficiencia en el uso del nitrógeno (que se traduce en cuántos kilos de maíz se obtienen por cada unidad de nitrógeno aplicado) y las lluvias (para dimensionar la eficiencia en el uso del agua), son parte de los datos a interpretar.
Más allá de los rendimientos por ambiente, cada vez más presentes a partir de la adopción de la agricultura de precisión en maíz, Verri aclara sobre la necesidad de analizar los datos con el objetivo de ser cada vez más eficientes en el costo de la tonelada producida.
“La cosecha es un momento en el cual yo estoy recolectando datos. La información que no se recoge ahí no se recoge jamás. Puedo calibrar un mapa de rendimiento que dio por encima o por debajo del rendimiento real del lote, pero lo que no puedo hacer es tener un dato que no se tomó”, observa.